Un Ser
profundamente arraigado en la tierra
que alarga sus raíces hacia abajo,
Que extiende sus ramas hacia lo alto y ancho
del espacio superior,
A la vez que
se eleva aspirando por la luz
que lo alienta,
mientras sus raíces
crecen en la profunda
oscuridad de la tierra que lo nutre...
El yoga es una forma de vida, un camino, una actitud; no
es sólo una filosofía,
teoría o una combinación de
ejercicios físicos y técnicas. Es una forma de vida y preparación, que busca
abrir al ser para recibir una fuerza más elevada y profunda, para permitir que
ella actúe, guié y dirija la vida. Esa fuerza o conciencia, que lo es todo, está
dentro de cada uno de nosotros, es como un manantial de donde brota agua, pero
es necesario aquietarse para poder percibir la conexión con esa fuerza, que es la
guía y la luz interior. Esa fuerza, que en cada época y lugar se le ha llamado
de diferentes maneras, hace referencia al origen de la vida, al espíritu, al
alma. La podemos llamar Dios, Divinidad, Energía, Conciencia, Shakti, cada
persona desde su propia definición y comprensión puede nominar esta dimensión
del ser que está ligada a su ser superior.
Etimológicamente yoga, hace referencia a la palabra: yog “unión” con el verdadero ser,
con su ser divino. El Yoga es una actitud, es una forma de vivir en el mundo,
en unión con uno y con el todo, con la conciencia de la que todos somos parte. Yoga no
es una religión, es una ciencia antigua que no requiere creer en cierto Dios.
Promueve la salud, la paz y la armonía a nivel físico, emocional, mental y
espiritual, es una ciencia que orienta hacia el crecimiento de conciencia y el
despertar del ser interior. El yoga es ante todo un proceso de conciencia.
En el Gita, texto sagrado de la India, Sri Krsna le dice
a su amigo Arjuna: “El yogi es superior al asceta, superior al empírico y
superior al trabajo fruitivo. Por lo tanto, ¡oh Arjuna!, en todas las circunstancias, se un yogi.
Cuando hablamos de
yoga, nos referimos al proceso por el cual uno vincula su conciencia con la
Suprema Verdad Absoluta. A dicho proceso le dan diferentes nombres los diversos
practicantes, en función del método especifico que se adopta. Cuando el proceso
vinculador se encuentra predominantemente en el seno de las actividades
fruitivas, se denomina karma-yoga; cuando es predominantemente empírico o
experiencial se denomina jnana-yoga; y cuando trata predominantemente de una
relación devocional con el Señor
Supremo, se denomina bhakti-yoga. El
bhakti-yoga, o el proceso de conciencia de Krsna, es la máxima perfección de
todos los yogas, tal como se explicara en el siguiente verso. El Señor ha
confirmado aquí la superioridad del yoga, pero no ha dicho que sea mejor que el
Bhakti-yoga. El bhakti-yoga es conocimiento espiritual en pleno, y por ende
nada puede superarlo. El ascetismo sin conocimiento acerca del ser es
imperfecto. El conocimiento empírico sin entrega al Senor Supremo también es
imperfecto. Y el trabajo fruitivo sin conciencia de Krsna es una pérdida de
tiempo. Así pues, de todas las formas de ejecución de yoga que aquí se mencionan,
la más elogiada es la de bhakti-yoga, y ello se explica aun más claramente en
el verso que sigue.
Y de todos los yoguis, aquel que tiene una gran fe y que
siempre se refugia en Mi, piensa en Mí y Me presta un amoroso servicio
trascendental, es el que esta mas unido a mi por medio de yoga, y él es el más
elevado de todos. Esa es Mi opinión. Concluyo este párrafo que cito del Gita con la
comprensión que para ser un yogi superior se necesita apertura y entrega de
corazón y un servicio que nace por el hecho de darse, por amor sin esperar, ni
pensar, ni ver nada distinto a lo Divino en sí mismo y en todo.
En el Yoga Integral, de Sri Aurobindo y La Madre, se entiende el ser del
hombre compuesto por diferentes partes o dimensiones: el físico; el vital, que
es el centro de las emociones, los
deseos, las pasiones, las sensaciones; el mental; el espiritual, y, el
psíquico, que es la chispa del fuego divino que da soporte a la evolución
individual en la tierra y que usa al mental, vital y físico como sus
instrumentos. Nos dice Sri Aurobindo: que el Sadhana o disciplina espiritual de este yoga no procede de ningún tipo de aprendizaje mental ni de
formas de meditación prescritas, mantras, y demás, sino de la aspiración, de la
concentración hacia dentro y hacia arriba; de la auto-apertura a la influencia,
al Divino Poder por encima de nosotros y a su acción, a la presencia divina
dentro del Corazón, y del rechazo de todo lo que sea extraño a lo Divino. Es
únicamente por la fe, la aspiración y el íntimo sometimiento que esta
auto-apertura puede sobrevenir.
El titulo de mi libro TODA LA VIDA ES YOGA proviene de la comprensión la
compresión y definición que hace Sri Aurobindo del Yoga Integral: “...Toda la vida es un Yoga secreto, una
oscura evolución de la Naturaleza hacia el descubrimiento y realización del
principio divino oculto en ella que progresivamente se torna menos oscuro, más
autoconsciente y luminoso, más auto poseído en el ser humano mediante la
apertura de todos sus instrumentos del conocimiento, la voluntad, la acción y
la vida al Espíritu que está dentro de él y en el mundo. La mente, la vida y el
cuerpo, y todas las formas de nuestra naturaleza son los medios de esta
evolución, pero hallan su última perfección solo mediante una apertura hacia
algo más allá de ellos, primero, porque ellos no son la totalidad de lo que el
hombre es, segundo, porque ese algo que el hombre es, es la clave de su completad
y procura una luz que le descubre la total realidad, elevada y amplia de su
ser.”
Toda la vida es Yoga, como una psicología y forma de vida interna, que aunque integra la practica física, busca ir mas allá del hacer y la técnica, para clarificar la
intensión, desarrollar estados más conscientes y movilizar mecanismos que nos
favorecen la conexión con el ser interior y la sabiduría que hay en cada uno de
nosotros. Para mantenernos conectados con la bendición de estar vivos desde una
actitud de vida. Aunque trabajamos con posturas físicas, lo que realmente se
busca es preparar y disponer una postura
psicológica y una actitud de apertura entrega y receptividad hacia el ser
superior, como una disposición que se traslada a los diferentes campos de la
vida.
Teniendo en cuenta la reciprocidad, la integridad y la
multidimensionalidad del ser humano, al trabajar desde el cuerpo creamos un espacio
de intervención y de acción sobre las otras dimensiones del ser humano. Usando
el cuerpo como instrumento para crecer la capacidad de darnos cuenta, podemos
identificar desde la conciencia del cuerpo estados emocionales y mentales que
se reflejan en él, y a su vez influir con el cuerpo en procesos emocionales,
mentales y espirituales.
El cuerpo físico, es el instrumento a través del cual podemos
identificar nuestro sentir y a través del cual podemos hacer el ejercicio de
experimentar la vida en este planeta y las diferentes vibraciones que hay en él.
Por eso el yoga es una forma de identificar esos niveles más sutiles del ser
desde el campo físico mas groso hasta el mas sutil, y empezar a intervenir en
nuestra propia salud y equilibrio a través de movimientos que favorecen la conexión
con la corriente de energía universal y cósmica que se encarga de mantener vivo
cada uno de nuestros órganos físicos y energéticos.
Si bien hay una práctica física, lo que realmente se
activa es el cuerpo sútil y etérico que compone todo el campo energético de
nuestro ser. Al hacer yoga movilizamos centros energéticos y abrimos espacios
de conexión y podemos hacer conciencia de la conexión con el ser central
interior y superior. Ese ser central superior puede direccionar la energía, hacer
conexiones a nivel neuronal y empezar a mandar mensajes a las células de
nuestro cuerpo para modificar o establecer patrones de pensamiento, de actividad, y patrones de aprendizaje complejos o sencillos que se van cristalizando en el
cuerpo según sea con la forma de vida, las emociones y el pensamiento.
Uno de los propósitos de yoga es conocerse a sí mismo, y para esto es
fundamental crecer en el proceso de darse cuenta, no solo de lo que ocurre
alrededor, sino muy especialmente de lo que ocurre en uno mismo. Para lograr lo
anterior es necesario que la persona pueda verse a sí misma, es decir que sea
capaz de observar las actividades de su cuerpo, las emociones, los procesos de
pensamiento; qué piensa y cómo llega a pensar eso, sus acciones y reacciones. Se trata de desarrollar la capacidad de auto-observación, y reflexión, generar
espacios propicios para mantener la calma de la mente y enseñar al cuerpo a ser
sano y fuerte. Una continua observación y reflexión del ser nos mantiene
alertas y conscientes de nuestros movimientos para aprender a diferenciar aquello que debemos
rechazar de nuestra naturaleza o del entorno y para diferenciar aquello a lo
que debemos aceptar, en la búsqueda hacia nuestro espíritu.
Un aspecto importante dentro del proceso es despertar la conciencia en las
células que ellas puedan despertar la luz divina. Es como aprender a crear una
disposición para abrirse y recibir una ducha de luz espiritual que limpia, sana
y prepara para que uno mismo encuentre la posibilidad de mantener el equilibrio
y la armonía que hace el ser una mejor persona
trabajando desde la luz y la conciencia del cuerpo. Hablando de la conciencia del cuerpo, podríamos hacer referencia al espíritu del cuerpo, al conocimiento del alma en el cuerpo físico.
La conciencia del cuerpo es la conciencia de las células.
“Existe una conciencia en las células:
es la que llamamos conciencia del cuerpo y está ligada solo a este. Dicha
conciencia encuentra mucha dificultad para el cambio, ya que se encuentra bajo
la influencia de la sugestión colectiva que es completamente opuesta a dicha
transformación. Entonces, uno no solo tiene que luchar contra dicha sugestión
colectiva del presente, sino también con aquella que pertenece a la conciencia
de la tierra como un todo, esa conciencia humana-terrenal que nació tiempo
atrás, en aquel tiempo en que el primer hombre empezaba a tomar forma. Esto
tiene que ser superado antes de que las células puedan, de forma espontánea,
darse cuenta de la Verdad, de la Eternidad de la materia”. La Madre
Crecer la Conciencia Física:“...Un
desarrollo de la conciencia física debe estar siempre entre los objetivos a
alcanzar, pero para ello es esencial conseguir un desarrollo adecuado del
propio cuerpo: se necesita salud, fortaleza, preparación, y además la
disposición física debe ser excelente. Una vida divina en un mundo material
implica necesariamente la unión de los dos extremos de la existencia, la cumbre
espiritual y la base material. El alma que tiene la base de su vida establecida
en la materia asciende a las alturas del espíritu sin abandonar su base, une
las alturas y las profundidades. El espíritu desciende a la materia y al mundo
material, con su luz, su gloria y su poder y con ellos colma y transforma la
vida en el mundo material tornándolo cada vez mas divino.” Sri Aurobindo



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